Rafael Rodríguez Olmos:La brutal guerra económica

Rafael Rodríguez Olmos:La brutal guerra económica Foto:Vtactual.

 

Al final de la Segunda Guerra Mundial, luego de los acuerdos de Yalta entre los tres triunfadores: Stalin, Churchill y Roosevelt, en el que se repartieron el mundo y establecieron zonas de influencia que no podían ser tocadas por los otros, Estados Unidos consolidó su poderío con la creación de los organismos mundiales que establecían premisas para ser cumplidas por todos los países so pena de castigo por la “comunidad internacional”. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y todos los acuerdos establecidos en aquel famoso encuentro de Breton Woods, donde se decidió cómo sería la economía de las naciones y a qué estaría sujeta.

 

Los gigantescos botines de guerra confiscados a Italia, Japón y Alemania, más toda esa tecnología militar desarrollada durante la guerra, puesta al servicio del consumo de la industria, generan en los años 50 lo que se conoció como el American Way of Life, estilo de vida americana que el mundo entero quería copiar, bombardeado con técnicas de la sicología por los nacientes medios de comunicación, a la sazón instrumentos del poder que hoy día juegan un papel fundamental en la llamada guerras de Cuarta y Quinta generación.

 

 

Así, el suprapoderoso Big Brother no tenía obstáculos en su camino, salvo la llamada Cortina de Hierro, expresada en la Guerra Fría, que en términos reales no fue más que eso, la zozobra de quién disparara el misil primero, periodo en que el mal llamado mundo socialista no tuvo mayores efectos ni influencias sobre la sociedad mundial.

 

 

Era Estados Unidos el amo del mundo y no hubo intento de liberación de ese yugo de algún país de su esfera mundial, que no sintiera el castigo por tamaña osadía, con la más cruel de las venganzas. Ese concepto imperial ya venía de mucho antes cuando en 1899 se produce un movimiento de liberación nacional en Filipinas que es sofocado a sangre y fuego. En tres años de combate, hasta 1892 hubo 1.5 millones de filipinos muertos. Del lado gringo solo hubo 4.200 bajas.

 

En el siglo XX, vino la modalidad de los golpes de Estado, si el gobierno no le gustaba al Big Brother, y decenas de naciones lo sufrieron, unos más sangrientos que otros: Jacobo Arbenz (Guatemala) Juan Bosch (República Dominicana) Velasco Alvarado (Perú) Laureano Gómez (Colombia) Víctor Paz Estensoro (Bolivia) Joao Goulart (Brasil) Salvador Allende (Chile) y así, habría que escribir un libro para enumerar todos los golpes de Estado en donde han estado metida las cochinas manos de los gringos.

 

Posteriormente vino el periodo de la “blandura”, después de la catastrófica experiencia de Vietnam, en donde no solo sufrieron una derrota aplastante, sino que se obligaron a redefinir la guerra, su significado, consecuencias, métodos y efectos a futuro. De allí nacieron los nuevos conceptos y la necesidad de utilizar métodos más sutiles, menos beligerantes, pero con mayores efectos. “Si no estás alerta ante los medios de comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”, dijo el líder negro Malcolm X. Es la guerra que venimos viviendo desde hace 20 años, son los nuevos golpes de Estado, dados por los propios ciudadanos alimentados con odio que se voltean contra sus líderes e impulsan sublevaciones y guerras civiles.

 

En los setenta, a esa guerra de baja intensidad, le incorporaron el estrangulamiento económico, quizás el más perverso de todos los métodos utilizados porque tiene un efecto directo en el estómago de la población. Los yanquis, como propietarios de los alimentos, de las medicinas, de gran parte de los productos terminados que utiliza el mundo, de la industria, de la tecnología y de casi todo el sistema financiero, el estrangulamiento económico se convierte en el más difícil de los enemigos a combatir, porque simplemente no se le puede decir a la población que deje de comer o de enfermarse. El bloqueo económico es el más perverso de los métodos de imponer de un imperio que está comenzando a ver el principio de su fin y que comienza a tirar sus pancadas de ahogado, lo cual no quiere decir que el fin sea pasado mañana.

 

Si nos ha parecido brutal el bloqueo aplicado a Cuba en 50 años, eso terminó siendo como una fiesta de cumpleaños comparado a lo que se está aplicando a Venezuela, donde más allá del sistema financiero, cuentas bancarias, compras de medicamentos y alimentos, apelaron a métodos nuevos como el robo de activos depositados en bancos internacional (ya se lo habían hecho a Libia), el robo de empresas, la esquilmación de bienes físicos tales como oro y plata; además del envenenamiento de los alimentos que logren pasar el bloqueo, como el caso de los contenedores decomisados por el gobierno de Colombia hace tres días, en donde habían 25.000 cajas Clap, que el gobierno colombiano declaró que eran alimentos contaminados. Un cuento que estoy seguro que la oposición seria, si es que queda, ni siquiera creería. Es parte del bloqueo.

 

A esa barbarie están sometidos los venezolanos. Un bloqueo jamás visto en los anales de la historia del mundo, y un gobierno groseramente incompetente incapaz de generar políticas económicas tendentes a encontrar la luz al final del túnel. Y en realidad, desde el punto de vista del análisis, no era tan difícil. Con aplicar el Plan de la Patria, que ya estaba hecho, era suficiente. Hace rato estuviéramos encaminados nuevamente, con producción, pleno empleo y los venezolanos nuevamente comprando imbecilidades producto de su alto poder adquisitivo. Al parecer, tiempos que no volverán.

 

Caminito de hormigas…

Es increíble. Nombraron nuevas autoridades del Psuv en Carabobo y nadie se enteró. Pero tampoco nadie los eligió, o, mejor dicho, a nadie convocaron a elecciones. “Que desgracia de pueblo cuando el cura es loco”, diría el Tío Miguel.

 

rafaelolmos101@gmail.com

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