Todo final tiene su comienzo: Por Carlos Lozano

 

Muchas opiniones cruzadas y contrastantes sobre las manifestaciones del 16 de noviembre. Contrarias y demasiadas con pocas razones. Gente, hubo mucha. No importa si fueron 100.000 o 1 millón de personas. Estuvieron en todo el país, no fue sólo una protesta en Caracas, ni siquiera una combinación de varias protestas –enfermeras y enfermeros, docentes, estudiantes, vecinos de las más diversas áreas capitalinas. Estuvieron en todos los estados, eso fue lo importante.

No importa si el discurso de Juan Guaidó fue breve o largo, dijo lo que tenía que decir a quienes tenía que decírselo. No todos comprendieron lo de “calle sin retorno”. No significa automáticamente dormir en las calles, muy pocos están preparados para eso y no necesariamente es eficiente. Lo que cuenta es protestar cada día. Que es lo que Guaidó planteó. Dormir en las calles no hace más eficaz la protesta de una ciudadanía. Lo importante es la persistencia, la frecuencia y constancia de la protesta. Manifestar día tras día que un régimen debe irse de una vez por todas con su interpretación tergiversada de la historia y dejar paso libre a la interpretación correcta, a hacer la historia de cada día un escalón más de recuperación. No porque Juan Guaidó o cualquier líder lo diga, sino porque cada ciudadano lo quiere, porque es su voluntad, su deber y su derecho.

Eso es lo que propone, lo que lidera Juan Guaidó. Estar en las calles, hacerse presentes, gritar los reclamos. El castrismo nacional, mala copia y encima más corrompida que la tiranía cubana, sólo pudo llenar, incluyendo los obligados, unas pocas cuadras para escuchar las amenazas e ironías del único líder que les va quedando, empeñado en ser agresivo, Diosdado Cabello, y un remoto mensaje por teléfono que les envió el heredero que dilapidó lo que le dejó Chávez, el que empezó todo y siempre lo hizo con egoísmo personal, pensando en sus propias ambiciones y no en la realidad de la ciudadanía. Chávez no dejó en Nicolás Maduro un heredero, un sucesor. Dejó un encargado, un capataz que ha resultado, además, poco eficaz

 

Artículo de opinión

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