Disfracemonos de cambio por Arnaldo García Pérez

 

Disfracemonos de cambio por Arnaldo García Pérez Foto:Federicio Parra / AFP

 

Las fiestas de Carnaval tienen un origen confuso. Aunque para la mayoría católica, estas festividades son de carácter religioso, al arrancar justo con los tiempos de cuaresma, para muchas otras religiones y creencias tiene un significado diferente. El término “carnaval”, como muchas cosas en esta vida, tiene diferentes interpretaciones, pero la más aceptada, tiene que ven con la palabra de origen italiano carnevale; combinación de carne vale, del latín levare, que significa echar fuera, abandonar el consumo de carne como preparativo a la semana santa. Tradicionalmente comienza un jueves y acaba el martes siguiente.

El carnaval combina elementos tales como disfraces, grupos que cantan, desfiles, comparsas y fiestas en la calle. A pesar de las diferencias que su celebración presenta en el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol. Es un momento para, detrás de ese disfraz, ser una persona diferente. Con nuestro antifaz instalado, perdemos la vergüenza y muchos somos, lo que en la realidad nos cuesta ser.

Sin entrar en honduras psicológicas, tal vez hablamos de una desinhibición colectiva, donde cada uno, de acuerdo al disfraz o personaje que escoge, se siente por un momento con los atributos o poderes que ese personaje posee. Es una oportunidad única para proyectar nuestros impulsos y sentimientos que tal vez permanecen ocultos o aletargados en nuestra vida cotidiana. Bueno o malo, no lo sé, aunque tiene mucho sentido.

En estos momentos no tenemos nada que celebrar. Aunque las fiestas nos inviten y las autoridades intenten “disfrazar” la realidad aprovechando la temporada, no tenemos ningún motivo como sociedad para festejar lo que vivimos. Sin embargo, el tema del disfraz y su significado me parece interesante para proponer que nos vistamos todos haciendo una gran comparsa.

Disfracémonos de CAMBIO; o de ciudadanía o gentilicio y rescatemos nuestras buenas costumbres y educación. Aprovechemos la oportunidad que nos brinda carnaval y pongámonos la máscara de los buenos modales y la atención, de la solidaridad y la empatía, del profesionalismo y la mística en el trabajo, de la atención personalizada y la sonrisa contagiante de alegría, del civismo y el acatamiento de las normas, del hacer las cosas bien sin importar el beneficio individual y si el compromiso colectivo. Saquemos, de lo más profundo de nuestro ser nuestras mejores cualidades.

Hagamos de este disfraz un uniforme permanente que nos lleve a ser la sociedad que queremos y deseamos. No pensemos mas en ser el país que éramos en el pasado, debemos visualizarnos como un nuevo país, con la sabiduría de hacer las cosas bien por lo aprendido del pasado. Con la madurez de sabernos altamente competentes y con las herramientas para alcanzar un bienestar colectivo.

Dejemos atrás el disfraz del individualismo y comencemos a ser esos héroes que necesita nuestra sociedad. El país y el mundo nos lo agradecerán.

Con este nuevo atuendo, juguemos al carnaval toda la vida.

Saludos

Arnaldo García Pérez

@arnaldogarciap

www.arnaldogarciap.blogspot.com

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